El peligro es mínimo dentro de la plaza siempre que se siga la norma de abrirse en abanico nada más entrar, correr hacia la barrera de la derecha o de la izquierda. Por el centro se deja paso libre a los toros. Los dobladores realizan su trabajo conduciendo los toros a los corrales. Corriendo hacia el centro del ruedo, de 50 metros de diámetro, uno se puede quedar sin protección ante los toros. La proliferación de inexpertos y de los llamados “patas”, más exhibicionistas que otra cosa, ha hecho peligroso un tramo que no lo era. Una vez que todos los toros entran en el coso taurino suena un tercer cohete mientras que un cuarto indica que los astados han entrado en los corrales de la plaza (en los toriles) y que el Encierro ha terminado.

 

 

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