Sin duda, es la calle más famosa y emblemática del Encierro. En sus 305 metros de longitud, con una pendiente del 2 por ciento, la manada comienza a mostrarse más fatigada en esta calle estrecha y larga. Su ritmo se reduce, es más templado, lo que permite a los corredores permanecer delante de las astas más tiempo, más metros. El peligro de esta calle viene dado por dos factores; principalmente, por esa manada ya rota, ya disgregada, por los toros sueltos, rezagados, como consecuencia de las reiteradas caídas en el citada “curva de Mercaderes”. Y en segundo lugar, por la masificación, que es uno de los principales problemas actuales del Encierro. El templado correr de los toros y el consecuente mayor aguante delante de las astas, convierten este tramo en el más fotografiable, en el que la imagen cobra mayor protagonismo. Esto hace que el número de corredores se incremente de tal manera que la marea humana impide ver los toros, saber cuándo y cómo llegan, y poder avanzar y correr sin dificultades.

 

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