Los niños tienen su Encierro particular a las diez menos cuarto de la noche. Con el mismo recorrido que el de la mañana, un toro de fuego sale desde la Plaza de Santiago, detrás del Ayuntamiento, para perseguir a la multitudinaria chiquillería que lo desafía, envuelto en un espectáculo de luz y pólvora. Se trata de una estructura de cartón y madera que soportan cohetes y bengalas en sus lomos que carga sobre los hombros un mozo que recorre las calles del Casco Viejo hasta que se le termina la carga.

El toro de fuego es un espectáculo muy antiguo del que ya se hacía mención en las crónicas “taurinas” del siglo XVII. En esa época los mozos cargaban al animal con cohetes en su lomo. Debido a la crueldad del espectáculo, se sustituyo por una estructura como la que hoy conocemos.

Un cohete anuncia la salida del primero de los dos toros de fuego que cada noche hacen correr a niños y jóvenes durante poco más de media hora. Los niños, acompañados de sus padres, salen corriendo delante del toro que va soltando chispas, fuegos de distintos colores y petardos en su carrera desde la plaza Consistorial hasta mitad de la calle Estafeta. En este punto, tras el disparo de un segundo cohete, se produce el relevo de la carga y otro mozo continúa el recorrido hasta la Telefónica.

A pesar de que se utiliza pólvora y fuego, el único riesgo es que algún chispazo te queme la camisa, ya que el tipo de fuego que se emplea es un fuego frío que no quema. Sin embargo, es recomendable no tocar el toro de cartón, ni mucho menos abalanzarse sobre él, ya que la persona que lo transporta tiene que cargar con más de treinta kilos sobre sus espaldas, con la dificultad que esto supone.

Un bonito espectáculo, tremendamente plástico, con el que se da la bienvenida a la noche.

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