A medida que iba avanzando el siglo XIX, el Encierro se consolidaba como espectáculo festivo. Eran miles los pamploneses que, como espectadores, ocupaban las calles y la plaza de toros para ver el traslado de los astados. Muchos de ellos, aficionados taurinos, seguro que ya sintieron un deseo interno de correr delante de los toros, hecho que estaba prohibido por el Ayuntamiento.

Conforme avanzaban los años 80 y pese a la prohibición, fueron paulatinamente probándose ante los toros. Primero, un grupo; luego, otro… y otro y otro más, hasta que las autoridades se sintieron impotentes para poner fin a ese acto matinal de valentía, sin saber todavía que sus carreras iban a dar paso con los años a un acto festivo de fama mundial.

1881. Encierro de siete toros

Los Encierros se llevaron a cabo con ganaderías de Navarra, que trajeron siete toros, seis para ser lidiados y otro como suplente, por si había algún percance. Por tanto, fueron siete y no seis lo que corrieron por las calles. No existen noticias de que se produjeran incidentes dignos de mención, algo previsible, según Luis del Campo, dados los escasos pamploneses que participaban en los Encierros.

1883. La plaza abarrotada para presenciar el Encierro.

Por primera vez, la prensa local publicó una descripción del ambiente de los Encierros, que comenzaban a las 6 de la mañana. «Eran contemplados gratuitamente por los espectadores que abarrotaban el coso taurino, mientras otros se apiñaban en las aceras de las calles y plazas del recorrido, al igual que en balcones y ventanas de las casas. No dieron lugar a noticias reseñables. Quizás el motivo residiera en los escasos corredores que participaban precediendo a la manada de toros y cabestros».

1885. Por primera vez se cierra la Estafeta para evitar que se volviesen los toros.

Los Encierros de San Fermín se celebraron con la emoción y sustos consiguientes, sin que hubiera que lamentar ninguna desgracia. Ese año, con el objetivo de evitar desgracias ante la posibilidad de que algún toro retrocediera desde la puerta de la plaza, el Ayuntamiento dispuso que, una vez que llegasen a la calle Espoz y Mina, se cerrase la Estafeta.

1886. 11 de Julio. El encierro más largo de la historia. De 6 a 12.30h.

Uno de los toros, llamado Garraldo, marcado con el número 15 y de la ganadería de Mazpule (de Colmenar), separándose de sus compañeros, se quedó en el redondel. Como siempre que ocurre cosa semejante y vista la resistencia del toro a entrar en el toril y el riesgo que corrían los mozos, se les mandó subir al tendido, a lo que obedecieron. Se evitó el peligro de desgracias, pero, por más esfuerzos que se hicieron, no se consiguió encerrar al astado. Entonces, la autoridad local mandó que el público abandonase la plaza. De los miles y miles de personas que en ella había, muchas salieron pero otras muchas, deseosas de ver la novillada (así se denominaba entonces a la suelta de vacas) que solía haber después del Encierro, continuaron en sus puestos hasta que oyeron un bando en que se ordenaba que en la plaza no quedasen más que los encargados del servicio. Después de muchos esfuerzos para hacer que el toro entrara en el toril, fue preciso echarle el lazo y meterlo arrastrando, pues el animal se resistía con todas sus fuerzas. Esto se hizo a las doce y media. Habían pasado seis horas y media.

1889. 7 de Julio. Primer herido reconocido del Encierro.

Los toros de los Hermanos Lizaso, de Tudela, corrieron bien salvo en el caso del conocido por Veneno, que se quedó en el ruedo causando una herida de pronóstico reservado a un joven, que inmediatamente fue atendido en la enfermería por los doctores Irurita y García (Diario de Navarra).

Veneno se quedó en el ruedo más de cuarenta y cinco minutos. Cogió a Martín Asnoz, nacido la población navarra de Urroz. Fue arrollado y volteado de tal forma que se le dio por muerto, pero, afortunadamente, su evolución posterior resultó favorable.

1891. Colocación de puertas que impidan que los toros retrocedan.

«Este año hemos visto en las calles que recorren los toros al ser entrados en esta ciudad y en la plaza, una precaución que nos ha agradado. En tres sitios distintos se han colocado puertas con objeto de impedir que algún toro pudiera retroceder. Esta medida ha sido acertada, porque en el referido trayecto, una vez que han pasado los toros, aun antes de que se haga la señal de estar encerrados, suele echarse la gente a la calle y si algún toro retrocediese serían de temer desgracias»

(El Tradicionalista).

1892. Primera medición de tiempo del Encierro.

La revista La Lidia publicó la primera medición de tiempo del Encierro. Todo hace pensar que fue errónea, ya que lo toros no podían correr tan rápido.
«Sube a la carrera ayudado por dos pastores pues no podría soportar una sola pareja la distancia de 900 metros próximamente, que median desde la puerta de Rochapea hasta el toril. La primera corrida (Lizaso) recorrió el trayecto en 58 segundos; en 65, la segunda (Díaz); en 60, la tercera (Zalduendo); y en 59, la cuarta (Conde de Espoz y Mina).

1894. 10 de Julio. Primer niño herido.

«Los encierros de los toros destinados a la lidia y las novilladas que a continuación se verifican han sido espectáculo tan animado y concurrido como en otros años, y en ellos no ha ocurrido ningún incidente lamentable». El Aralar.
«En la novillada (suelta de vaquillas) de anteayer (8 de julio) por la mañana, una de las reses emboladas pisoteó a un niño que se cayó delante de ella. El muchacho fue conducido al hospital y, según se dice, se halla en estado grave».

1895. Precio de entrada del Encierro.

El bando del Ayuntamiento decía los siguiente: «Los encierros del ganado para la lidia tendrán lugar a las seis de la mañana, en la forma que es antigua costumbre en esta ciudad, y se permitirá la entrada libre y gratuita en la plaza de toros, a excepción de los palcos, para cuya localidad se expenderán billetes al precio de 0,50 pesetas por asiento». Hoy, un euro equivale a 166 pesetas.

1904. 7 de Julio. Un toro se queda en los corralillos del Encierro.

Uno de los toros (de Conde de Espoz y Mina) protagonizó este hecho inusual. A los pastores les pareció que la manada había entrado a los toriles de la plaza sin problemas, pero pronto se dieron cuenta de que faltaba uno. Con alarma creyeron que podía haberse quedado en las calles cuando el cohete ya había anunciado que los toros estaban en toriles. Sin embargo, el toro se había quedado rezagado ya en el comienzo. Entonces, un joven, apellidado Legaria, le hizo volver hacia los corralillos hasta que consiguió encerrarlo de nuevo.

1907. 9 de Julio. Doble Encierro de Lizaso y Miura.

Muy de madrugada entraron ayer en la plaza los toros de la ganadería de Lizaso que se lidiaron en la corrida de prueba. A pesar de lo intempestivo de la hora, fueron bastantes las personas que presenciaron la entrada de los Lisazos.
A las seis en punto se hizo el Encierro de los de Miura en la forma de costumbre, llevando delante más gente que en los días anteriores. En la calle Estafeta ocurrió un incidente. Afortunadamente, las heridas no son de mucha gravedad.

(Diario de Navarra).

1908. 9 de Julio. Encierro “doble” al quedar tres toros en el corral.

El Encierro había resultado doble, ya que tres toros de Guadalest se quedaron detenidos en el corralillo cuando sus hermanos sí salieron hacia la plaza. «Los moruchos, lo mismo los primeros que los últimos, barrían bien las calles de gente. Por lo demás, no ocurrió novedad», señalaba Diario de Navarra.

1914. 12 de Julio. Padre abofetea a su hijo en el ruedo.

Toros de Palha. En la plaza se quedaron dos en el redondel y varios aficionados se permitieron torearlos, con el consiguiente peligro. En ese momento, el padre de uno de los toreros improvisados se arrojó al ruedo y castigó al hijo con una tanda de bofetadas. En esto se apercibió la gente de que faltaba un toro. Efectivamente, se había quedado rezagado y había vuelto al punto de partida. Hubo que volver a sacar los mansos, verificándose un segundo Encierro sin consecuencias.

1915. 10 de Julio. 85min de Encierro

Justamente a la entrada de la plaza de toros, se formó un montón, sobre el que los animales pasaron dejando un rastro de contusiones. De la puerta de los chiqueros se volvieron dos de los astados cuya carrera se había interrumpido en el montón. Entró uno al poco rato pero el otro se mantuvo en el redondel por espacio de una hora y veinticinco minutos. Sólo mediante el uso de seis mansos y después de abrir las cuatro puertas de las barreras, consiguieron que el morlaco entrase en los corrales

1920. 7 de Julio. ¿Inicio de la masificación?

Toros de Santa Coloma. El trayecto que recorren los toros era insuficiente para dar cabida a los varios cientos que entraron precediendo al ganado.
Así fue de accidentado el Encierro. Muchos de los que venían en las mismas astas de los toros y aun mezclados entre la manada tuvieron que tirarse a ambos lados del trayecto ante absoluta imposibilidad de avanzar.
Tres días después, los toros navarros de Cándido Díaz cubrieron el recorrido en dos minutos. En  todos los Encierros de ese año, gran muchedumbre de corredores.

1921. 11 de Julio. Último Encierro en la plaza vieja

La denominada “plaza vieja” sobrevivió setenta años. Los últimos toros encerrados en sus corrales llevaron la divisa de Santa Coloma, ejemplares que por la tarde fueron lidiados por Juan Belmonte, Varelito y Manuel Granero.

1921. 10 de Agosto. Arde la plaza de toros.

La plaza vieja murió víctima de las llamas, por un incendio intencionado posiblemente. Algunos testigos presenciales remarcaron el olor extraño que se respiraba, como a gasolina. Sin embargo, para entonces, ya había sido condenada a muerte, se había decidido su derribo. No podía mantener su ubicación porque la ciudad había entrado en una fase de expansión: se había proyectado la construcción del segundo ensanche.

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