El toro es un animal criado y seleccionado por el hombre en los últimos tres siglos, con fines comerciales, destinado a espectáculos taurinos y, especialmente, a su lidia en las llamadas plazas de toros.

Procede de las razas autóctonas españolas (el llamado «tronco ibérico»), que viven en la Península Ibérica desde tiempo inmemorial. Algunos especialistas consideran que es el descendiente más directo del uro (el antepasado de todas las razas bovinas actuales), ya que, además de su rusticidad y su vida salvaje, comparte con él numerosas características.

Conserva sus instintos naturales de defensa y los atributos físicos (astas grandes y hacia delante, potente aparato locomotor…).

Pero lo que distingue al toro de lidia es una mezcla de características físicas y temperamentales, que se sintetizan en la llamada bravura, por lo que también se le conoce como toro bravo.

Fue en la segunda mitad del siglo XVII cuando las vacadas de toros bravos empezaron a organizarse, aunque todavía sin fines claramente comerciales. Tuvo que pasar un siglo más para que el espectáculo taurino cobrara auge y aparecieran las ganaderías orientadas claramente a los espectáculos taurinos ya con fines comerciales.

El toro bravo tiene que tener trapío. Pero ¿qué significa la palabra “trapío”? El trapío de un toro de bravo es el conjunto de rasgos externos, actitudes y reacciones observables a simple vista. Existe un riquísimo vocabulario taurino para designar los diferentes aspectos de la morfología y comportamiento del toro. Se dice que un toro tiene trapío cuando reúne las cualidades físicas y la presencia necesaria para la lidia.

Los principales rasgos morfológicos para determinar el trapío de un toro son: tamaño y peso, estatura, conformación del tronco, de las extremidades, de la cabeza y del cuello, de la cornamenta, la piel, el pelo y la capa.

En la cría del toro bravo, no se debe olvidar que los ganaderos no pretenden potenciar elementos como una mayor producción de carne o ir reduciendo las astas para hacerlo más manejable al trato humano. El criador de toros trabaja para conseguir un comportamiento determinado, propenso a la acometida, a que embista, pensando en los espectáculos taurinos.

El toro se cría en el campo, en grandes superficies naturales llamadas dehesas. En la Península Ibérica hay unas 500.000 hectáreas de dehesas dedicadas al toro de lidia, una extensión equivalente a 490 campos de futbol americano. Las dehesas están concentradas en Andalucía, Extremadura, Salamanca y Madrid. En un tramo inferior, también existen en Navarra, comunidad que cuenta actualmente con unas 60 explotaciones de ganado bravo.

El toro bravo se cría actualmente en España, Francia, Portugal y diversos países americanos como México, Colombia, Perú y Venezuela. Recibe una cuidada, privilegiada alimentación, para llegar a los cuatro años en plenitud física, de trapío. Por otro lado, el ganadero establece un criterio de reproducción, basado en la herencia, para conseguir una mejora genética de sus ejemplares.

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