Los almuerzos son parte indispensable de las fiestas. Los hay quien como si de un bono se tratase, no faltan ningún día a su cita con la mesa, rodeados de amigos, familiares, conocidos o desconocidos y por supuesto de las viandas y líquidos.

El almuerzo del día 6 resulta ser el más típico e inigualable. Comer unas magras, unos huevos, cazuelicas de ajoarriero, estofado de toro o quien sabe los gustos de cada uno, acompañados siempre de un vino o de cualquier líquido que potencie aun más la alegría y el cosquilleo por el estómago, no tiene precio y no se cambia por nada. Es el momento previo al inicio de nueve días de fiestas, es el momento de reencuentros o simplemente de encuentros con los tuyos, más adelante quien sabe con quien te encontrarás y pasarás el día.

Colesterol y almuerzo van de la mano todas las fiestas, no hay dieta que se les resista. Cualquier día y lugar pueden ser buenos para almorzar, dependerá de preferencias, de gustos y de los contactos y recursos que uno tenga. Hay quien lo hace en los bares o restaurantes de la parte vieja o del ensanche, a mesa puesta, quien prefiere tomar la calle y preparar mesas kilométricas donde disfrutar del momento y del ambiente de la calle. Las casas también son otra posible opción, más íntima pero no está nada mal, y por supuesto, las sociedades gastronómicas (entre ellas las de las Peñas) si perteneces a una de ellas o conoces a algún socio simpático que te invite. Todas ellas acompañadas de productos típicos de aquí, que no nos vamos a engañar, son deliciosos.

Sea cual fuere el lugar, el momentico del almuerzo gusta y mucho. Si tu día comienza por la mañana, es una buena opción para coger fuerzas e ir animando el cuerpo, pero si después de una larga noche todavía no te has ido a dormir, también lo es.

En definitiva, venir a los Sanfermines y no disfrutar de al menos un almuerzo, es irse sin conocer parte de su esencia y una de las costumbres más arraigadas de los y las pamplonicas.

¡A la mesa se ha dicho!

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