La procesión de San Fermín se celebra a las 10:00 de la mañana del día 7 de julio por las calles adyacentes a la Catedral y a la iglesia de San Lorenzo. En los últimos treinta años se ha convertido en un acto popular y cada vez más multitudinario, en el que convergen los principales protagonistas de la fiesta.

La figura del Santo sale a la calle arropada del cariño y devoción de la gente que, junto con los maceros, gigantes, cofradías, danzaris, La Pamplonesa, autoridades eclesiásticas y corporación municipal de gala, honran a San Fermín en una mañana llena de fervor popular.

El culto a San Fermín es un sentimiento bastante arraigado entre los pamploneses que surge mucho antes de la celebración de los Sanfermines. Sin embargo, su presencia se deja notar en todos y cada uno de sus actos, desde la invocación al santo momentos antes de cada Encierro, pasando por los gritos de chupinazo o los lamentos del “Pobre de mí”. Es una tradición que se transmite de padres a hijos y través de las vivencias compartidas de esta fiesta universal.

Durante la mañana, la solemnidad del desfile se verá interrumpida por las espontáneas muestras de devoción de coros y rondallas, además del sonido del chistu o de una sentida jota. Para un pamplonés es un acto imprescindible y desde luego, para los visitantes es una cita obligada si desean conocer la fiesta en toda su dimensión.

Es un acto donde, a diferencia de otros acontecimientos, no se producen aglomeraciones y cualquier lugar es bueno para apreciarla. Aunque es recomendable acudir con bastante antelación para conseguir buenos sitios en la calle para disfrutar del acto.

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