Las instalaciones del Gas como corrales tienen su origen en 1899, año en el que se habilitó una vieja fábrica de gas como corral. ¿Por qué se tomó tal decisión? Dos años antes, en Sevilla foguearon a un toro navarro, marcado con el hierro de Zalduendo. Los toros navarros eran célebres por su endemoniada bravura.

Algunos sectores navarros tomaron este hecho (colocar banderillas de fuego a un toro de la tierra por su mansedumbre) como una afrenta y pidieron venganza. Corrió el rumor de que se tenía que foguear a los seis toros sevillanos de la viuda de Concha y Sierra que se iban a lidiar en San Fermín. Las malas lenguas llegaron hasta la ganadera, que, enterada de la trama, seleccionó para Pamplona seis soberbios ejemplares, de bandera.

Los toros andaluces asombraron al público pamplonés pero algunos siguieron empeñados en desacreditar a los morlacos de Concha y Sierra. El Ayuntamiento volvió a contratar esta ganadería para la feria de 1898, pese a la hostilidad del ambiente pues seguía recordándose el fogueo de un toro navarro en tierras hispalenses.

En la noche del 10 de julio de 1898, “durante el encierrillo de los seis bóvidos de magnífica lámina de aquella ganadera andaluza -describe Luis del Campo-, unas hojas de lata manejadas con habilidad, y una caja, semejante a un bidón de gasolina con piedras dentro y agitada con energía, armaron tan fuerte estrépito que lograron desmandar a la torada”.

Se organizó la búsqueda. El Encierro no se pudo llevar a cabo. Cinco de los astados fueron capturados cerca de Pamplona, en la llamada Balsa de Loza. El sexto de los fugados, Borrego, huyó hacia Irurzun y anduvo varios meses por la Barranca, dando sustos y cubriendo vacas, hasta que en noviembre la Guardia Civil acabó con él a tiros.

“Se imponía hallar soluciones -explica Luis del Campo-, pues también los toros escapados en la noche del 10 de julio de 1898 ocasionaron cuantiosos gastos. La ganadera Celsa Fontfrede, viuda de Concha y Sierra, obstinadamente, rehusó múltiples proposiciones y exigió la vuelta de sus astados a la dehesa. La corrida de aquel día 11 no se celebró y hubo que indemnizar, con arreglo a lo estatuido por ‘fuerza mayor’, a los diestros contratados Guerrita, Fuentes y Bombita I”.

Por este suceso, el Ayuntamiento decidió sustituir el Soto del Sadar por la fábrica de gas de alumbrado, que había sido explotada por una compañía holandesa que tuvo que cerrar en 1888 por la llegada de luz eléctrica a la ciudad.

Desde 1899, los corrales del Gas fueron objeto de numerosas obras de mejora pero dos tuvieron mayor importancia. En 1918 se construyó toda la infraestructura necesaria para que unos corrales puedan recibir tal nombre. En 1943 se mejoró su entorno con el derribo de lo que todavía quedaba de la fábrica de gas.

Cincuenta años después, el Ayuntamiento firmó la condena de muerte de los históricos corrales. En 1994 decidió construir un edificio de 62 viviendas sobre el solar del Gas y destinar otro, el de una antigua y cercana fábrica de levaduras, para corral taurino. Pero pasaron los años y no ejecutó tan polémico plan. Terminado el siglo XX, los corrales del Gas seguían vivitos y coleando, al menos durante los primeros quince días de julio. El encierrillo permanecía, por tanto, inalterado.

Sin embargo, todo cambió en 2004, año en que se derribaron los viejos y se estrenaron otros, que pasaron a denominarse “nuevos corrales del Gas”. Con ellos, los encierrillos perdieron una parte de su recorrido tradicional puesto que algo más de los cien metros iniciales pasaron a transcurrir por el interior de los propios corrales antes de salir a la plaza del Arriasco. Las obras tuvieron un coste de 413.316 euros (68,7 millones de pesetas).

De este modo, fueron dos las principales variaciones respecto a los viejos corrales: por un lado, los 440 metros del encierrillo se vieron reducidos a poco más de 300; por otro, los toros y bueyes pasaron a iniciar la carrera nocturna desde la misma plaza del Arriasco. Así, la denominada popularmente Calleja de los Toros, precisamente porque cada noche sanferminera la atravesaba la manada, perdió totalmente su carácter de paso público y entró a formar parte del interior de los nuevos corrales del Gas.

Frente a los siete corrales antiguos, irregulares en sus medidas y diferentes entre ellos, los siete que se estrenaron tenían una configuración menos complicada, eran más abiertos y carecían de rincones en los que podían agazaparse los toros. Estaban diseñados para el bienestar de los astados y para facilitar el trabajo de pastores y mayorales.

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