En la programación oficial de los Sanfermines, tenemos cada mañana del 7 al 14 de julio al famoso Encierro. Pero ¿qué ocurre con la mañana del 15 de julio? Oficialmente las fiestas se han acabado, pero…no para todos. A las 8:00 de la mañana, como si de un Encierro se tratase, se celebra el ya tradicional “Encierro de la Villavesa”.

La villavesa es el nombre popular que se le da al autobús urbano. En 1929 una empresa llamada “Autobuses la Villavesa”, estableció las primeras líneas de transporte urbano de la ciudad.

El origen de este acto simbólico data de mediados de los 80, cuando un grupo de personas insatisfechas y tristes por el final de los Sanfermines, acudieron a la cuesta de Santo Domingo a la hora normalmente prevista para el Encierro, como si la carrera fuese a tener presencia el día 15. A falta de toros y cabestros, qué mejor que correr delante de la villavesa que, lejos de conocer lo que le esperaba, comenzaba su ruta habitual por el Casco Viejo.

Lo que comenzó como un grupo reducido de personas corriendo delante de la villavesa, se conoce hoy como un acto solicitado y por lo tanto, muy bien organizado por sus participantes. Si bien la villavesa dejó de pasar por ahí hasta el día 16 y por lo tanto de servirles como sustituto del toro, se las ingeniaron para dar continuidad a esta tradición con infinidad de sustitutos, entre ellos; furgonetas de reparto, coches, un ciclista, etc.

Hoy en día se canta tres veces al santo de la hornacina, que a diferencia del habitual, tiene vida. En sus inicios se colocaba una botella en representación a esta figura pero hoy, es una persona la que se disfraza con todos los atuendos característicos del santo. No puede faltar el cohete que estalla y da comienzo a la carrera en la que un ciclista, simulando ser Miguel Indurain, pedalea en la medida que puede, detrás de una marea de chicos y chicas que no buscan otra cosa más que divertirse.  Entre toda esta multitud de fieles, se suele ver también a la figura del Mono Charli, el famoso primate que tanto recuerdan los vecinos que lo conocieron en su jaula del Parque de la Taconera, y que este día cobra vida gracias a la persona que se disfraza para memorarlo.

En definitiva, un acto singular y creativo que ya terminadas las fiestas, tiene la fuerza suficiente de unir a todos los rezagados de los Sanfemines.

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