Atendiendo a la documentación de la época, el correr delante de los toros en el Encierro de Pamplona se remonta a comienzos de la década de los años 80 del siglo XIX.

Los corredores, conocidos también como mozos, son personas que arriesgan su vida delante de los toros a cambio de nada o cambio de todo, según como se quiera interpretar. En su mayoría son hombres aunque cada vez la mujer tiene más presencia en la carrera. Son muchos los que dicen que salir a la carrera les hace vivir plenamente el momento. Las situaciones adversas que pueden tener en sus vidas, los miedos, los prejuicios, no tienen cabida en el recorrido, se sienten libres de toda carga, se siente vivos.

Respecto al tipo de corredor actual, estudios recientes indican que la edad media estimada del corredor del Encierro pamplonés es de 28 años (lo que no quita que los haya con más de 60 años), y que corre unos 100  de los 848,6 metros del trayecto. Asimismo, se ha comprobado que antes de comenzar la carrera, los corredores pueden alcanzar las 148 pulsaciones por minuto. La normativa vigente de Navarra prohíbe que corran menores de 18 años.

En relación al número de corredores dentro del trayecto vallado del Encierro, se dan cita cada mañana unas 2.000 personas, lo que no quiere decir que todas corran el Encierro. Los fines de semana esta cifra aumenta a 3.000 personas.

La inmensa mayoría de los buenos corredores está constituida por mozos muy bien preparados físicamente, que acuden al recorrido con la mente despejada, con buen calzado y dispuestos a superar el reto personal que se han impuesto.

Por último, resulta obligado indicar que el Encierro no sabe de clase sociales. Y, al contrario de lo que se piensa, en la actualidad hay mucho menos borrachos que antes en la carrera.

Los corredores navarros siempre han vestido de blanco combinado con el rojo de la faja y del pañuelo, dando al Encierro una tonalidad tan peculiar como vistosa. Hoy en día, lejos de esa unidad creada por la vestimenta, se observa una ensalada de colorines que deja de lado la tradición. Sería bonito recuperar ese predominio de la vestimenta blanca.

¡Nos encanta el Encierro de blanco!

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