Cada día, un equipo formado por unos sesenta carpinteros, colocan a partir de las cinco de la mañana los tramos del vallado que no son fijos para acotar el recorrido.

Nada más terminar el Encierro, se encargan de desmontar los citados tramos para facilitar así la circulación de las personas por las calles del casco viejo de Pamplona. Es asombroso ver la rapidez en su trabajo.

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