1917. 8 de julio, domingo. Se escapa un toro pero es recuperado a tiempo.

Uno de los toros de Gregorio Campos, que tenía que ser lidiado al día siguiente, saltó el pretil de piedra al salir del puente de Rochapea, anduvo por la zona del Molino Viejo y fue recuperado poco antes de las seis, hora en la que entonces comenzaba el encierro. Cuando llegó el momento, se negó a salir del corral de Santo Domingo. Después de un buen rato, se logró que avanzase por la cuesta de Santo Domingo y sembró el pánico: derribó tres vallados, lesionó a un agente urbano y entró en la plaza tras dejar a dos mozos gravemente heridos.

1922. 10 de julio. Toro huido que buscó una vaquería.

El toro llamado “Lucero”, de Santa Coloma, veinte metros antes de llegar al corralillo, saltó el pretil de la carretera tras ser citado por un espectador. Cayó sobre un árbol cercano al Molino Viejo y, rodando, fue a parar a la misma orilla del río Arga. Desde ahí se dirigió a la ciudad, según Luis del Campo, “guiado posiblemente por su olfato hacia una vaquería próxima a este paraje”. En las cercanías, donde el Portal de Francia, le dio un buen susto a un muchacho. Al final, el mayoral de Díaz, Agustín Uztárroz, dio con el toro fugado y, a la una y media de la madrugada, lo metieron en la plaza de toros, precisamente por la puerta del encierro, rodeado de cabestros y de varios mayorales que iban a caballo y con garrochas.

1951. 9 de julio. Nadie recogió la peluca perdida.

“Corruco”, de la ganadería de María Teresa de Oliveira, posiblemente después de ser citado por un pamplonés que se hallaba con su esposa, rompió un tramo del vallado de la plazuela del antiguo matadero y sembró terror entre el público. Se produjeron empujones, pisotones, erosiones y contusiones pero no heridas de importancia. El astado fue reducido rápidamente y llevado hasta el corral del baluarte. Según la misma fuente, el héroe de aquella noche fue Perico, un perrillo de la Guardia Civil que desafió al morlaco con sus ladridos y se entretuvo con él, dando tiempo a llegada de los pastores. La plazuela quedó sembrada de prendas perdidas, que fueron devueltas a sus propietarios, salvo una, cuya dueña no se atrevió a recogerla por cuestiones de pudor, de vergüenza torera. Así cuenta Luis del Campo esta femenina anécdota:

“Fueron recogidos por los agentes municipales y, cuando los ánimos se serenaron, un guarda rural subido en el vallado exhibía una a una las prendas, que eran directamente devueltas a quien con una voz o levantando el brazo las solicitaba. No se dio un solo caso de personas que reclamasen al mismo tiempo idéntico objeto, y puede asegurarse que a posteriori nadie manifestó haber perdido nada. Sin embargo, en repetidas ocasiones se mostró cierto objeto que pareció no tener dueño y quedó por fin el último, a pesar de ser presentado con insistencia. Todavía no ha aparecido su propietario, que indudablemente allí lo extravió, pues se trataba de algo de uso externo y público. Pertenecía a alguna fémina y prefirió no darse por enterada: era un bisoñé”.

7 de julio de 1969. El llamado “encierrillo al revés”. Por la mañana.

Este episodio ha pasado a la historia como “el encierrillo al revés”. “Tesorero”, un toro de Martínez Elizondo, de 460 kilos, se negó a la siete de la mañana a salir del corral del Santo Domingo para correr el encierro. El astado estaba enloquecido, daba saltos enormes y embestía a todo lo que se movía. Se desistió de que corriera el trayecto pero había que llevarlo a la plaza esa misma mañana ya que tenía que ser apartado y sorteado. Hacia las ocho y media de la mañana fue trasladado de nuevo a los corrales del Gas, haciendo el mismo itinerario, pero invertido, del encierrillo. Desde el Gas fue llevado en un camión a la plaza de toros.

7 de julio de 1969. Por la noche. Un toro de más.

Se guardaron en el corral de Santo Domingo siete toros de Álvaro Domecq, en vez de seis. Había dos opciones: que corriesen en el encierro al día siguiente los siete astados o devolver el sobrero a los corrales del Gas. Como la primera podía acarrear polémica y otro tipo de problemas mayores en caso de que el séptimo provocase algo lamentable, a las tres de la madrugada del 8 de julio, el toro fue llevado al Gas e hizo, por tanto, el recorrido del encierrillo al revés, aunque en esta ocasión en plena noche.

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